Posts Tagged ‘cuento’

Voluntario

// agosto 16th, 2010 // 1 Comment » // escritura, ficcion, mio

Los observo a todos ellos, apretados en sus medios de transporte masivos. Casi no pueden respirar. Se dirigen probablemente a sus hogares. Lo sé por la hora.
Deben estar regresando a casa. Se les ve agotados, malhumorados, hambrientos. Antes habría estado ahi. Antes habria creido que iba para algun lado.

Ahora, en cambio, viajo con lujos. En mi gigantesca limusina hay toda la comida que puedo desear, suena música celestial en los parlantes de alta definición y mi “amiga” (cuyo nombre de nuevo he olvidado), voluntaria como yo, duerme plácidamente tras haber bebido un vino que superó todas mis expectativas en cuanto a licores se refiere. Aún tenemos queso de sobra y varios embutidos traídos de lugares exóticos del mundo.

Soy un voluntario, y este tipo de beneficios son una de las razones para hacerse voluntario: Te dan todo lo que pidas. TODO. Comida, dinero, viajes, sexo, drogas, lo que sea. Te dan la posibilidad de realizar tu sueños más alocados. Todo con un solo compromiso: al final te mueres. Mueres voluntariamente. Entregas tu vida por el bien comun.

Durante muchos años, la gente se sentia muy ecológica preocupándose por cosas como el calentamiento global, las emisiones de gases, las especies en via de extincion, los hielos polares, el manejo de las basuras, las fuentes de energía… Habia organizaciones completas dedicadas a luchar por cambios en esos aspectos. Y hasta llegaron a lograr algunas cosas, a decir verdad.
Pero por mucho que lograran, los cambios siempre fueron mínimos: un poquito menos de basura en cierto lugar, una fabrica cerrada que ya no contaminaria el aire o unos rios, una especie o dos de pajaros que tardaria una década mas en morir.
Siempre cometimos el mismo viejo error humano de ignorar lo esencial para concentrarnos en los detalles.

Hasta que apareció el Voluntariado.

No fue fácil ni popular, pero un buen dia el Dr. Kavk formuló su teoría que cambiaría todo. En realidad, vista hacia atrás, parece la idea más obvia de la historia. No puede uno entender cómo es posible que hasta él, nadie lo hubiese dicho claramente. Pero así fue, nadie lo dijo. Nadie lo pensó tal vez. Y la formulación no podria haber sido más sencilla: “Somos demasiados, debemos ser menos.”

Lo cual era francamente hilarante, si me preguntan a mi. La humanidad llevaba tal vez milenios intentando sobrevivir más y mejor. Haciendo que la expectativa de vida aumentara, que los bebés no se murieran, que las madres embarazadas sobrevivieran, que las enfermedades fueran cada vez menos letales. Y eso si que lo logramos como especie.
Es cierto, en algunas regiones lo logramos más que en otras, pero de todas maneras las curvas de población subieron y subieron. Exponencialmente, en muchos casos.
Y de repente, nuestro éxito fue nuestro mayor problema.
Éramos tantos que producíamos demasiada basura, consumíamos demasiados recursos, no cabíamos en nuestro agotado planeta.

“Somos demasiados, debemos ser menos.”

Realmente era díficil estar en desacuerdo con que eramos demasiados humanos. Pero era practicamente imposible decidir una manera justa de que fueramos menos.

Genocidio, racismo, asesinato, discriminacion, así lo llamaron al comienzo.

¿Cómo escoger aquellos que morirían? ¿Quienes tenian la autoridad de decretar la muerte de otros? ¿Cómo evitar que la necesaria eliminación de individuos fuera percibida como un acto de crueldad o venganza?
Teorias extravagantes y discriminatorias empezaron a discutirse y fueron apoyadas por muchos, y rechazadas por aun más.
La voluntaria dormida en el sillon de la limusina se movió en sus sueños. Estiró su larga y bien torneada pierna en mi dirección, mientras murmuraba algo sin despertar.
No se a quien se le ocurrio lo de los voluntarios. Pero al final, fue la única salida razonable. Y eso no quiere decir que no haya quien se le oponga, que los hay por montones.

La idea va algo así:

En el mundo siempre habrá descontentos. Siempre hay alguien aburrido, triste o desencantado. Siempre hay alguien que no tiene muchas ganas de seguir. Los motivos son tan variados como las personas. Enfermedades, deudas, decepciones amorosas, simple soledad. Siempre hay alguien con ganas de morir.
Lo que hicimos fue sencillamente recompensar esas ganas, estimularlas, si se quiere.
Ya no te suicidas a escondidas y en silencio, ya no es vergonzoso querer morir.
Ahora eres un héroe. Un mártir. Te sacrificas por el frágil equilibrio que intentamos mantener.
Y entonces, en agradecimiento… tus ultimas 24 horas son tu sueño realizado.

Así siempre hay muchos, esperando con ansias el momento de las convocatorias. Tenemos cientificos midiendo constantemente productividad contra consumo y recomendando los numeros apropiados de ajuste poblacional. Esto es posible hacerlo con gran precisión y incluso puede ser zonificado. Puedes saber en que lugares del mundo la densidad es demasiado alta y de repente organizar una convocatoria, abres unos cupos para voluntarios y en muy poco tiempo habrán filas y filas de humanos esperando ser seleccionados. Buscando la salida fácil, por no decir placentera.
Lo mejor de todo es que algunos, aunque no sean seleccionados como voluntarios, de todas maneras se matarán. Y de esta manera la ganancia siempre es mayor de la esperada.

Yo, por ejemplo, siempre quise ser una estrella de rock. Quise tener una banda y tocar música que los enloqueciera a todos. Viajar por el mundo rodeado de lujos y excesos.

Pero no pude.  Quienes me conocen sabran que no soy especialmente talentoso. Puedo hacer sonar decentemente una guitarra y una bateria. Escribí unas cuantas canciones, la mayoria de las cuales nadie fuera de la banda ha oido (ni oirá, ahora que lo pienso).
Y luego desistí.
No pude ganar dinero tocando. Mi banda se disolvió, muchos dicen que por mi culpa.. pero eso en realidad ya no importa.
El asunto fue que poco a poco se fue creando un foso insalvable entre mi y el resto del mundo. Probablemente producto de la decepción que me produje a mi mismo. Y, aunque es cierto que siempre tienes a tu familia, también es verdad que cada dia ellos tienen menos idea de lo que piensas y lo que sea que te esta pasando. Y que se cansan. Todos nos cansamos.
Así que pasaron un par de años en los cuales choqué contra muchos muros, donde probé varios caminos, donde hice llamadas, busqué empleos, intenté amores.
Sobra decir que nada de esto rindió frutos.
Con el corazón un poco roto y las ganas perdidas me hice voluntario. Y en cuestión de unas horas todo esto habrá terminado para siempre y mi mejor aporte a la humanidad será dejar de consumir algunos preciosos recursos por el resto de la historia. Por siempre.

Tuve 24 horas gloriosas. Destrocé la habitación de un hotel y bebí tanto alcohol que a duras penas puedo teclear en este aparato. Mis recuerdos son difusos, pero suficientes para esta sensación suave de satisfacción que será mi último recuerdo del mundo.

Seré un héroe.

Más allá, en el ocaso.

// diciembre 20th, 2009 // No Comments » // escritura, ficcion, mio

Tiempo después recordó el infinito mar de carros bloqueados y le pareció tan distante, tan irreal como si lo hubiera vivido alguien más y él sólo hubiese escuchado una vaga historia al respecto. Su búsqueda avanzaba, podría decirse, si bien de una manera bastante poco evidente.

Alejarse de los motores y los humos fue apenas el comienzo. Había pensado que las cosas se resolverían por sí mismas con solo alejarse de ahí, con algo de paz vendría la tan ansiada claridad. Tal vez incluso alguna respuesta o por lo menos una pista acerca de quien era o que se suponía que debía hacer. Pero no fue así.

Es verdad que al principio si fue un alivio dejar de respirar ese aire viciado, usar una vez más sus entumecidas piernas, que casi se habían vuelto parte del vehículo que habitaba. Pero también es verdad que este “estreno” de sus capacidades físicas resultó inmensamente doloroso, que tenía miedo y que no sabía nada de nada.

Caminó en la más absoluta soledad durante un par de meses, revisando cada rincón de su cerebro… tratando de encontrar un indicio, una clave para resolver el misterio que representaba para si mismo. Los paisajes recorridos no tuvieron ninguna importancia, encerrado como estaba en su propia mente, buscando esa luz que lo iluminaría.

Pasó por ciudads y por más calles, subio un par de montañas y las descendió de nuevo. Pero nunca se sintió ni un milímetro mas cerca de encontrar la respuesta qe buscaba. Cuando sentía sueño dormía y si no quería caminar más en algún momento se quedaba quieto y contemplaba su alrededor… un mundo tan desconocido para él como él para el mundo. Miraba a través de sus ojos transparentes y las imagenes traspasaban su también transparente mente. Nada significaba nada, en realidad. Se quedaba en existir, el simple hecho de reemplazar el vacio con la presencia, y la ausencia de todo asu alrededor era lo único que tenía. Y por un tiempo fue suficiente.

Hasta ese dia, al ocaso.

Una tarde, cansado de andar, se sentó sobre una piedra en el camino y observó cómo se ocultaba  el sol tras una montaña que apenas se dibujaba a lo lejos. Respiró profundamente mientras revisaba su mente vacía y constataba que aún no tenía ninguna certeza. Sus ojos pasearon lentamente sobre la piel de las nuves doradas en la despedida del sol. Su nariz absorbía un aire con un suave olor dulzón, sensual.

Esa fue la primera pista de su presencia. Ese olor nuevo le picó la curiosidad. ¿De dónde vendría?

Inhaló una vez más, concentrándose en las sensaciones que percibia a través de su nariz. Esa fragancia como a vino y piel inundó sus pulmones. No había duda, existía. Pero, ¿qué la producía?

Hombre con espinas

// marzo 5th, 2009 // 2 Comments » // escritura, ficcion, mio

Definitivamente, algo estaba mal. Lo que habia comenzado como una pequeña incomodidad en la garganta habia llegado a ser un verdadero dolor el dia de hoy. Lo más aproximado a una descripción de lo que sentía sería decir que se habia tragado un erizo. Una bola de agujas clavada mas o menos detras de la manzana de Adán. Era bastante incómodo, y mientras se miraba en el espejo apenas alcanzaba a ver las puntas de esas agujitas.

Carraspear no ayudaba. Parecía que solo lograba que las agujas se clavaran más y más profundamente en su carne, produciéndole una tos tremenda, un ardor insoportable como si su garganta estuviera en llamas.

Lo peor era que esto ya le había pasado antes.  Era una especie de ritual cíclico. Un trance por el que pasaba cada cierto tiempo y se retorcía de dolor mientras esas criaturas hirientes “nacían” de su interior.

Mientras tosía y escupía en el piso, luchando para que una bocanada más de aire pasara por su obstruída garganta, recordaba algunas de las veces anteriores. Siempre era así, doloroso y angustioso… todas las veces había sentido que moriría, todas las veces había sobrevivido.

Esa cosa extraña y dolorosa alojada en su garganta le cortaba la respiración, pero al tiempo le recordaba su propia vida. Si no tuviera algo que perder esto no importaría. Si no fuera por aquellas veces anteriores hasta podría dejarse morir.

Pero cada vez habia sido igual, cada vez habia aparecido una cosa dolorosa en su cuerpo y habia salido destrozandolo. Cada vez habia visto ese pequeño engendro recien nacido frente a el… con sus espinas y ganchos y deformidades que hace un instante habian desgarrado su carne. Una y otra vez, habia sentido que era responsable de esa cosa, y de la siguiente.

Y las habia adoptado.

Y esas cosas crecian, lentamente, y se movian poco. Él siempre se curaba, su cuerpo regeneraba sus heridas y volvia a la vida normal. Excepto que en su casa habia un nuevo habitante. En unos meses, habia llenado ya un cuarto atrás. Varias decenas de criaturas deformes y espinosas se acumulaban en esa habitación. Emitían sus quejidos y gorjeos durante la noche con mas fuerza. Vibraban lentamente en esa habitación. Él había conseguido un buen equipo de música para cubrir ese y otros ruidos que era mejor que los vecinos no conocieran.

Encorvado sobre si mismo.. jadeante, observaba su propia sangre fluyendo con el agua que intentaba usar para lubricar su garganta y sacar eso que le causaba tanto dolor. Intentando tragar un poco de agua se preguntaba cuantas veces más sucedería esto.

Alimentarlos no era tan desagradable. Bueno, lo seria si alguien se quedara a verlo. Pero él solo debía llevar un animal vivo y encerrarlo en el cuarto donde estaban. Ellos hacian el resto. Sus cuerpos eran cortantes, afilados y peligrosos. Adentro se oian unos grititos, pero no duraban mucho, y además, eran fácilmente disimulados con la musica de su equipo de sonido.

Por lo demás, su vida transcurría dentro de los límites usuales de la normalidad, la rectitud y las buenas costumbres. Era una buena persona.

Salir y alejarse

// noviembre 26th, 2008 // 2 Comments » // escritura, ficcion, mio

Después de quien sabe cuantas horas sentado en medio de el tráfico, esperando que alguien se moviera en alguna dirección, este personaje se dio cuenta de que en realidad no tenía sentido. Una vez llegó a esta conclusión, apagó el motor de su auto y descendió del mismo. Los conductores de los demás vehículos lo observaron aún sentados sobre sus motores ronroneando, con las manos en sus timones. Llenos de la esperanza de que en algún momento los automóviles se movieran como no lo habían hecho en… ¿horas? ¿dias? ¿meses?

Dejó abierta la puerta del carro. En realidad no le preocupaba en lo más mínimo si alguien quería llevarselo. De hecho, si alguien podia sacarlo de ese punto donde se encontraba atascado, rodeado por todos los sentidos, habria hecho suficiente mérito para llevarselo.

Solo caminó, sin rumbo y sin mucha intención, mirando a través de las ventanas a todas esas otras criaturas vivas, inmóviles y expectantes. Unas más preocupadas que otras, todas con esa necesidad incumplida de moverse, de avanzar, o retroceder o girar… de estar definitivamente en otro lugar. Este personaje los miraba, mientras se preguntaba hacia dónde se dirigía él y si tenía algun sentido recordarlo.

Después de unos minutos habría sido imposible para él, aún si lo hubiera querido, regresar al punto donde habiá comenzado. En ese mar de autos detenidos, el suyo se había perdido y se había confundido con otro cualquiera. Él era el único organismo vivo basado en carbono en esa calle. Todos los demás estaban sentados dentro de sus capsulas metálicas para moverse. Y no podían moverse.

De repente todo le pareció un poco absurdo y sin sentido. Lo que en realidad quería era alejarse de ese lugar, salir de esa calle atascada llena de autos inmóviles y encontrar un lugar más tranquilo. Un lugar donde tal vez pudiera recordar de qué se trataba su vida. Si iba a trabajar o volvia a casa, si alguien lo esperaba o tal vez estaba huyendo. Así que miró a su alrededor, llevando su vista lo más lejos posible, tratando de ver el horizonte… pero solo habian carros y más carros. A lo lejos, el aire caliente que salía de sus exhostos hacía que el aire vibrara y se confundira con los techos metálicos.

Sin embargo, no había ni la menor pista de un lugar sin autos. Así que el conductor que abandonó su auto, casi al azar, empezó a avanzar en una de las dos direcciones perpendiculares a aquella en la cual miraban los autos. Suponía que debería ser la distancia mas corta a recorrer para salir de ahí y encontrar un lugar más tranquilo, donde tal vez su mente pudiera volver a ponerse a cargo de lo que fuera que fuera su vida.

Hacía calor, y después de un rato le dio bastante sed. Pero seguía atravesando esa masa infinita de autos, y no había posibilidades de conseguir algo de tomar. Así que hizo caso omiso de su sed y continuó su camino. Al caer la noche, se recostó sobre el motor cálido de algún carro atascado, aun a pesar de las airadas protestas de los ocupantes del vehículo. No le importaba, y estaba tan exhausto que durmió plácidamente, sabpia que ninguno de los que estaban en el auto se bajaría del mismo. Nadie lo hacía. En todo el día, las únicas personas que había visto estaban subidas en sus vehículos, encerradas ahí como si llegar a sus destinos tuviera alguna importancia, o alguna posibilidad de suceder. Sus motores gruñían constantemente consumiendo la gasolina que almacenaban en sus tanques… inutilmente. Sin avanzar ni un centímetro a lo largo de todo el dia.

Nadie parecía tener intención de hacer algo al respecto, y por eso él se salió de su auto y se fue.

Despertó mientras salía el sol. No tenía frio, pero la sed era un problema cada vez más serio… y ahora un poco de hambre lo acompañaba también. Se levantó y continuó caminando. No sabía porque ni adonde se dirigia.. pero abrigaba la esperanza de recordarlo en algun momento.

Mientras tanto caminaría… atravesaria ese mar muerto y palpitante de humanos encerrados en maquinas metálicas.

Tal vez en algún momento sabría porqué.

Gathacol.net