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Hombre con espinas

// marzo 5th, 2009 // 2 Comments » // escritura, ficcion, mio

Definitivamente, algo estaba mal. Lo que habia comenzado como una pequeña incomodidad en la garganta habia llegado a ser un verdadero dolor el dia de hoy. Lo más aproximado a una descripción de lo que sentía sería decir que se habia tragado un erizo. Una bola de agujas clavada mas o menos detras de la manzana de Adán. Era bastante incómodo, y mientras se miraba en el espejo apenas alcanzaba a ver las puntas de esas agujitas.

Carraspear no ayudaba. Parecía que solo lograba que las agujas se clavaran más y más profundamente en su carne, produciéndole una tos tremenda, un ardor insoportable como si su garganta estuviera en llamas.

Lo peor era que esto ya le había pasado antes.  Era una especie de ritual cíclico. Un trance por el que pasaba cada cierto tiempo y se retorcía de dolor mientras esas criaturas hirientes “nacían” de su interior.

Mientras tosía y escupía en el piso, luchando para que una bocanada más de aire pasara por su obstruída garganta, recordaba algunas de las veces anteriores. Siempre era así, doloroso y angustioso… todas las veces había sentido que moriría, todas las veces había sobrevivido.

Esa cosa extraña y dolorosa alojada en su garganta le cortaba la respiración, pero al tiempo le recordaba su propia vida. Si no tuviera algo que perder esto no importaría. Si no fuera por aquellas veces anteriores hasta podría dejarse morir.

Pero cada vez habia sido igual, cada vez habia aparecido una cosa dolorosa en su cuerpo y habia salido destrozandolo. Cada vez habia visto ese pequeño engendro recien nacido frente a el… con sus espinas y ganchos y deformidades que hace un instante habian desgarrado su carne. Una y otra vez, habia sentido que era responsable de esa cosa, y de la siguiente.

Y las habia adoptado.

Y esas cosas crecian, lentamente, y se movian poco. Él siempre se curaba, su cuerpo regeneraba sus heridas y volvia a la vida normal. Excepto que en su casa habia un nuevo habitante. En unos meses, habia llenado ya un cuarto atrás. Varias decenas de criaturas deformes y espinosas se acumulaban en esa habitación. Emitían sus quejidos y gorjeos durante la noche con mas fuerza. Vibraban lentamente en esa habitación. Él había conseguido un buen equipo de música para cubrir ese y otros ruidos que era mejor que los vecinos no conocieran.

Encorvado sobre si mismo.. jadeante, observaba su propia sangre fluyendo con el agua que intentaba usar para lubricar su garganta y sacar eso que le causaba tanto dolor. Intentando tragar un poco de agua se preguntaba cuantas veces más sucedería esto.

Alimentarlos no era tan desagradable. Bueno, lo seria si alguien se quedara a verlo. Pero él solo debía llevar un animal vivo y encerrarlo en el cuarto donde estaban. Ellos hacian el resto. Sus cuerpos eran cortantes, afilados y peligrosos. Adentro se oian unos grititos, pero no duraban mucho, y además, eran fácilmente disimulados con la musica de su equipo de sonido.

Por lo demás, su vida transcurría dentro de los límites usuales de la normalidad, la rectitud y las buenas costumbres. Era una buena persona.

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